28 de Febrero de 2006

8 DE MARZO, QUIERO DECIR...

Vaya el brindis de este año especialmente referido a las mujeres que habitan en entornos rurales y semiurbanos, más aisladas, más solas, más olvidadas  y con menos oportunidades

            De nuevo llega el 8 de marzo con la celebración del Día Internacional de la Mujer y no podemos dejar pasar la oportunidad de llamar la atención sobre fecha tan señalada ¡Que más quisiéramos las mujeres que poder dar por finalizado nuestro discurso reivindicativo, dar carpetazo y archivar el tema zanjado y concluso! Pero nuestra sociedad, ésta en la que estamos insertas, aún no está madura para comprender en su integridad el problema de la desigualdad en toda su plenitud y por ende poner los medios. Es un camino largo y escabroso, plagado de eufemismos y disfraces, de buenas palabras y apariencias, por eso debemos continuar en nuestro análisis anual de logros y desazones para llamar la atención sobre lo que se debió hacer y no se hizo, para dar un vistazo a la relación de nuevas necesidades observadas o surgidas en el ámbito de la desigualdad.

            Y quiero gritarlo porque la conciencia no me deja callar. Cada cual debe aportar a la sociedad lo que puede o lo que sabe hacer. Yo tengo la oportunidad de decir y no la voy a desperdiciar. Millones de mujeres en el mundo, y miles en nuestra provincia sin ir más lejos, no tenemos voz propia, siempre hay uno o varios hombres en estrados hablando por nosotras, diciendo lo que nos conviene y disponiendo como hay que venderlo para quedar bien y hacer ver que se cumplen, aunque solo sea  publicitariamente, los vistosos programas políticamente correctos. En todos los partidos políticos son "ellos" los que se reúnen en petit comité para analizar, decidir y programar las medidas más "convenientes" que luego acaban en bonitos discursos para decirnos que debemos aspirar a lo que no somos ni nos van a dejan ser.

            En la raza humana, como en la animal, ningún varón cede voluntariamente parcelas de poder, ni tan siquiera por quedar bien. Somos nosotras quienes debemos pelearlo, como siempre por los siglos de los siglos, porque como esperemos a que un macho, de cualquier raza o especie, color o condición, ceda un ápice a favor de la igualdad vamos frescas. Aunque de boquiqui se explayen en lecciones bien aprendidas por aquello de: ¡A mí, a demócrata no me gana nadie! Hasta para eso se les sale el ego competitivo. "Agua de borrajas", que decía mi abuelita, o lo que es lo mismo, "la misa  y el pimiento son de poco alimento", que remachaba mi suegra.

             Vaya el brindis de este año especialmente referido a las mujeres que habitan en entornos rurales y semiurbanos, más aisladas, más solas, y con menos oportunidades que las del dominio netamente urbano. También por las inmigrantes recién llegadas, quienes buscándose un hueco en el mundo del bienestar nos ofrecen sus fértiles vientres para repoblar estos nuestros territorios, desérticos a causa de que las oriundas hemos renunciado a la esclavitud de la maternidad, valoramos nuestra independencia, nuestra libertad, y nuestra ambición por encima de otras realizaciones, tal vez concienciadas del chantaje emocional que despliega el compañero de especie cuando penden de nosotras nuestros hijos. ¡Cuantas mujeres conozco que han esperado, y las que siguen soportando en silencio solitario la tortura psicológica de cada día hasta llegar a aquél en que sus hijos menores cumplan la mayoría de edad para poder librarse del prepotente dominio macho en cualquier variedad de sus formatos!

            Vaya también el brindis del 8 de marzo por las sacrificadas mujeres retornadas a sus lugares de origen, con el lacrimal seco de bregar en campos ajenos y lejos de sus raíces. Muchas sumidas en la duplicidad del viejo amor a su tierra por un lado y el debido a sus hijos que formaron familia y se quedaron donde ya nacieron y comieron. En dos asientos y mal sentadas,  el retorno no es como ellas soñaron porque el núcleo central de su vida, de sus recuerdos y sobre todo su descendencia se quedaron allá. Al estrés psicológico que producen las emociones divididas se suma una no siempre buena acogida por quienes se quedaron para sobrevivir en su pequeño mundo rural.

            Y también brindamos por las voluntariosas y entregadas empeñadas conscientemente en repoblar desiertos, en "volver a casa", a su pueblo, en muchos casos ya licenciadas o con altos niveles de estudios y con el objetivo claro de intentar un asentamiento, plenamente convencidas del amor por lo suyo y con la más que suficiente preparación y cultura para saber lo que se traen entre manos, incomprendidas y temidas por las instituciones porque saben moverse entre sus vericuetos y sus trampas, dispuestas a no dejar pasar una con la disculpa de los incomprensibles laberintos burocráticos.

            Y por fin la última especie nacida sobre el abandonado terreno femenino del mundo rural, las nuevas esclavas cuidadoras de los mayores, doloridas de la espalda, enfrentándose día a día a insalvables barreras, bordillos, transportes, multitud de frentes psicológicos que atender, ascendientes y descendientes, dependencia total para salvar las distancias habidas a cada paso para hacer las compras, para llevar al médico a los suyos, para cualquier nimia gestión, rodeadas de un entorno natural y sin embargo agobiadas de requerimientos familiares y obstáculos de movilidad durante las veinticuatro horas del día y los siete días de la semana, sin tiempo disponible para sí mismas ni para darse un capricho, un respiro, un asueto físico y emocional. Testigos y laboriosas anfitrionas de las idas y venidas de maridos e hijos a sus asuntos, de las inspecciones periódicas practicadas por hermanos, cercanos y otros especimenes del parentesco y la vecindad que hacen visita de médico para tranquilizar su conciencia, ver un rato al abuelo o a la abuela y, huyendo de la quema, dar cumplidos ánimos para continuar en la generosa tarea que ni tan siquiera se compensará a cuenta de herencia.

            Aunque parezca mentira estos mundos femeninos existen, sin que aparentemente  importe a nadie más que a aquellas que lo viven y lo sufren. Y aunque parezca sensiblero todavía en nuestro presunto mundo civilizado quedan muchas mujeres que luchan solas, que lloran solas, que son mujeres sin voz y sin eco, ocultas mediáticamente bajo la paranoia publicitaria de los políticos y de las instituciones que dicen hacer mientras lo cuentan, para olvidarse al terminar la rueda de prensa.

            Vaya nuestro brindis  anual por esas anónimas e invisibles mujeres de nuestros pequeños pueblos, quienes con su rueca silenciosa hilan poco a poco el copo del mundo rural, vigilan la reserva medioambiental y cuidan de la despensa cultural tradicional, mientras esperan que los dioses vuelvan sus ojos a esta tierra olvidada.  Periódico Carrión, 28 de febrero de 2006

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26 de Febrero de 2006

LOS DISFRACES DEL PP Y EL JUGUETE DE RAJOY

Hoy  en nuestro país nadie se cuestiona la representatividad  ni la condición de demócratas de los grandes partidos del arco parlamentario.

            Ahora que estamos en la fiesta de D. Carnaval no está de más hablar un poco de disfraces, porque aunque es en ésta época del año cuando más visibles y vistosos son, hay quien no los abandona nunca y además tiene más colecciones que la Pasarela Cibeles presentando la próxima temporada.

            Y es que "todos tenemos derecho a opinar", por supuesto, a nadie se le quita la palabra, aunque a algunos se les salgan las injurias y los insultos a borbotones, es cuestión de educación y de modales y eso se aprende en casa o ya no llega nunca a cuajar. En ningún tiempo pasado hubo más libertad para decir, para hablar, para opinar, hasta el punto de que se puede llamar al Presidente del Gobierno "tonto de baba", o ausentarse de forma ostentosa de la sesión de control del Congreso cuando se está dando respuesta a una pregunta por él formulada, o arremeter en grupo profiriendo insultos de forma violenta contra Santiago Carrillo cuando, a petición de los estudiantes de la Complutense, va a dar una charla sobre el 23 F.  Es la ventaja de la democracia, que reconoce libertad para todos y de ello se beneficia hasta quien no sabe utilizarla.

            A lo largo de estos últimos meses el PP ha probado disfraces de todo tipo. Lo mismo se ha disfrazado de Padres de Alumnos, que de Iglesia Católica, que de Víctimas de Terrorismo, que de dolidos castellanos contra otros españoles. ¡Si su Reina Católica, la unificadora de los españoles, levantara la cabeza!

            Pero tal vez el disfraz más cundidero haya sido el de constitucionalistas demócratas a ultranza. Y nadie entiende porqué esta necesidad tan imperiosa de dejar constancia. Hoy en nuestro país, nadie se cuestiona la representatividad  ni la condición de demócratas de los grandes partidos del arco parlamentario. Nadie lo pone en duda. El debate que está sobre la mesa atañe a determinados modales y procedimientos de mejor o peor gusto y que se debieran depurar por el bien del respeto debido a las instituciones.

            Y es que el PP no está dispuesto a que le echen en cara por más tiempo que no votó la Constitución española que ahora tan denodadamente defiende. Aquél enorme agujero negro envenena las posibilidades de su discurso como un pecado capital, como un sambenito que los otros partidos no cesan de recordarle para escarnio de su déficit democrático. Y como el PP está cansado de penar su culpa, se extenúa en probar su puridad de fe democrática como lo hicieran en nuestra historia pasada los judíos conversos o los moros bautizados.

            ¡Y qué mejor procedimiento de redención que un "referéndum" que tiene por lema ni más ni menos que lo que contempla la Constitución de sus pesares! Desde luego no está mal pensado, es una segunda oportunidad para aquellos conservadores concienciados que no prestaron en su día la adhesión al documento fundamental porque no creyeron en el moderno y progresista proyecto que nos trasladaba desde la rancia dictadura militar hasta un estado europeísta, abierto y con ansias de libertad. El transcurso del tiempo y la madurez de los españoles dejaron patente el acierto de aprobar  aquél texto, quedando la derecha conservadora descolgada en su apoyo de lo que era conveniente para el interés general, en los tiempos difíciles, en su momento, cuando estaba en juego la transición democrática bajo la amenaza constante de los uniformes militares.

            Como el reconocimiento humilde de aquel error no cabe en los esquemas de la actual cúpula del PP, tiene que transformar y disfrazar su tardía adhesión constitucional en victimismo, descargando sobre espaldas ajenas aquél histórico traspié que atormenta su genealogía política. Este montaje del "referéndum" entre publicitario y simbólico, promovido por cuenta propia y en solitario, se parece a una ratificación tardía, casi treinta años después, que ojala sea útil para liberarse de esa pequeña desazón que les hace vivir en ascuas sobre una democracia madura, asentada y europea como la española. El juguete de Rajoy se parece a un caballo de Troya llevando, tal vez, oculto en su interior un mensaje de arrepentimiento y un deseo de purga democrática que poder exhibir en el futuro, si fuere menester documentar la pureza de sangre democrática. ¡Más vale tarde que nunca!  Diario Palentino, 26 de febrero de 2006

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19 de Febrero de 2006

PALENCIA Y EL FERROCARRIL

 

Hemos tenido la gran suerte de hacer realidad el costoso sueño

                Ya en el siglo XVIII los mineros de Gales (Gran Bretaña), deciden poner ruedas a los carretones y deslizarlas por unas planchas metálicas que al eliminar la fricción facilitan el desplazamiento hasta la salida de la bocamina con destino al transporte fluvial.

                A partir de entonces el camino de progreso hacia la utilización integral del ferrocarril es inexorable. En 1804 un ingeniero de minas aplica la máquina de vapor a unos cuantos vagones y con ello se da un paso sin retorno. Inglaterra como pionera de la Revolución Industrial  fue quien primero aplicó estos avances en materia de transportes por raíles tanto para mercancías procedentes de las actividades extractivas como de personas. En el continente europeo la puesta en marcha tampoco se hizo esperar. Los franceses abarcaron grandes proyectos de sus "chemins du fer". La rutas del acero en centroeuropa marcaron un progreso sin precedentes.

España, lastrando su consabido retraso en apuntarse al avance tecnológico, también incorporó este sistema de transporte aunque más tardíamente. Y para empezar nuestra primera instalación de estas características se construyó en la colonia de Cuba para comunicar Guines con La Habana y además con la peculiaridad de un ancho de vías especial y diferente, se dice que para evitar una posible invasión francesa por vía ferroviaria en caso de conflicto.

La aportación del ferrocarril al crecimiento económico es incalculable. El transporte de mercancías primero y de personas después hizo crecer o mermar núcleos de población y amplias zonas geográficas. La instalación de nuevas industrias se ubicaba en torno de de la vías del tren. Los itinerarios se construían desde los puntos de producción hasta donde iban destinadas las mercancías.

Son muchos los casos en que la población creció en torno a las estaciones y en ocasiones incluso la ciudad o el `pueblo originarios mermaron en favor de los núcleos urdidos en torno a las estaciones.

Un vistazo rápido a nuestra provincia nos pondría de manifiesto como los lugares jalonados en torno a las rutas ferroviarias de más afluencia han tenido históricamente un mayor crecimiento económico y demográfico, o han disminuido menos su población en épocas de receso.

Una población comunicada por caminos de hierro no puede renunciar a su vía sin caer en la irresponsabilidad. La integración del ferrocarril en los núcleos urbanos es el sueño de las ciudades que conocen su historia y tienen visión de futuro. Nuestras vecinas y castellanas Valladolid y Burgos son buena prueba de ello.

Los llamados trenes de cercanías, otorgan la posibilidad de acercarse a los grandes núcleos de servicios, centros de comercio, de sanidad. Para los estudiantes no es nada despreciable la utilidad, estos trenes les permiten seguir viviendo en sus hogares y cursar estudios pudiendo elegir en la amplia oferta educativa de las ciudades próximas con escasa inversión de tiempo y dinero.

El tren otorga una autonomía personal incomparable. Aún hoy el entorno rural aloja un elevado número de mujeres que no disponen de permiso para conducir o de permiso del marido para la libre o prioritaria disponibilidad del vehículo familiar para desplazarse. El tren no requiere ninguna capacidad especial para poder ser utilizado. No es preciso un permiso de viajero ferroviario ni tener papeles actualizados.

En las medias y largas distancias, poder tener la estación a cinco o diez minutos  de la puerta de casa es un privilegio irrenunciable, anima a no coger el coche para viajar lo que supone un importante acicate para hacer uso del transporte público. Conseguir conservar el ferrocarril en el centro de la ciudad, soterrado en sus tripas como otros muchos servicios públicos: colectores, canalizaciones de agua, televisión, telefonía, etc. Es el sueño de toda ciudad que se precie de querer subsistir, crecer y haber optado por la decisión clara de no morir.

Querer sacar el ferrocarril de la ciudad no puede ser más que un argumento torticero que oculta su segunda intencionalidad. Querer dejar a los palentinos aislados de las líneas ferroviarias traduce cuando menos un sentimiento de desinterés por que esta ciudad se mantenga, es matar sus posibilidades de crecimiento y de progreso, es pretender para Palencia algo que ninguna ciudad del entorno se plantea ni por asomo.

Hemos tenido la gran suerte de haber conseguido hacer realidad el costoso sueño de hacer desaparecer ese obstáculo divisorio de la ciudad que en un tiempo no lejano sirvió incluso de división clasista de la ciudad. En lo que no somos muy afortunados los palentinos es en ser representados por algunas voces que se levantan  contra ese gran beneficio en interés general de la ciudad y a favor de no sabe qué intereses extraños, por incomprensibles, para los moradores de la ciudad y su amplio alfoz. La pregunta es: ¿Quien gana sacando el tren de la ciudad? Porque quien pierde es lo que tenemos claro. Diario Palentino, 19 de febrero de 2006

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12 de Febrero de 2006

FANATISMOS SIGLO XXI

Crece la ansiedad al contemplar lo bien que viven otros congéneres del planeta y lo mal repartido que está el mundo.

            Los actuales arabistas y estudiosos del Islam, aseguran que las civilizaciones sometidas a esta creencia religiosa se han quedado históricamente retrasadas al menos cinco siglos. No solo no hay evolución hacia formas sociales mas avanzadas y liberales sino que el integrismo crece de modo alarmante y se extiende como las malas hierbas bajo la siembra deliberada de un odio visceral y activo contra un occidente poderoso y no islámico.

            Se nos ponen los pelos de punta al ver en estos últimos días las imágenes de cientos de preadolescentes chiítas procesionando ensangrentados y portando en sus pequeñas manos anchos cuchillos para autolesionarse en conmemoración del duelo de Ashura, luto por el sacrificio del Imán Husein, nieto de Mahoma, en el siglo VII y a la sazón origen de la impertérrita y permanente lucha interna entre chiíes y suníes por la dirección espiritual del Islam.

            Desde nuestra perspectiva europea y veintunesca, esas escenas nos provocan desazón, miedo, repudio. Unos niños sin apenas uso de razón que son capaces de hacerse cortes en la cabeza para que la sangre les inunde el rostro en honor de su héroe religioso, son cuando menos futuros camicaces, bombas humanas dispuestas a estallarse por alguna causa que merezca la pena desde su enajenada visión de un mundo que desconocen.

            Y si nos hacemos de cruces es por cuestión del tiempo real en que ocurren estos aconteceres no por la barbarie y crueldad del sacrificio, pues quienes procedemos de culturas de tradición católica aún hemos tenido ocasión de presenciar autoflagelaciones, ver cilicios e incluso haber sufrido las recomendaciones sobre las bonanzas que para la purificación del cuerpo tenía el uso de semejantes artilugios.

            El problema está en la extemporaneidad. Cada día tenemos que presenciar en aquellas latitudes violencia callejera, explosiones en las ciudades, cadáveres rodando por el suelo a decenas, mujeres gritando con bebés heridos en sus brazos. ¿Cómo no van a querer hacer desaparecer a los demás si se matan entre ellos, si no aprecian su propia integridad física? Escenas producto de la sinrazón, la visceralidad y  el radicalismo procedentes de una rabia compulsiva contra fantasmagóricos enemigos que les roban desde la comida hasta los sueños. Así se lo hacen ver los imanes,  para no perder el control y mantener los ánimos exarcebados, la Guerra Santa siempre en marcha. Las masas enfebrecidas son mucho más manejables que la serenas y relajadas capaces de analizar y hacer crítica presente la razón.

            Económicamente el mapa religioso del Islam abarca grandes extensiones de pobreza o al menos de una pésima distribución de las riquezas entre los habitantes de un territorio. El estrés que crea la necesidad de sobrevivir en condiciones de penuria es también un  medio apto para la exasperación. Los anuncios de la televisión, de la Coca Cola y de la Kodak llegan a todas partes, pero la posibilidad de adquirir los productos proclamados es irreal. Crece la ansiedad al contemplar lo bien que viven otros congéneres del planeta y lo mal repartido que está el mundo.

            La batalla de las viñetas ha sido un aviso a navegantes. Algunos musulmanes ya residentes desde hace tiempo en países europeos dicen haber moderado sus reglas espirituales para adaptarlas a las pautas sociales de la comunidad que los acoge, pero luego a la hora de la verdad los hechos sacan a la calle la peor cara del integrismo islamista.

            Todas las constituciones europeas sin excepción, a tono con todas las declaraciones de derechos humanos y como no podía ser de otra manera, condenan taxativamente la discriminación por motivos de raza, sexo, religión, etc. pero cuando los racistas que se autoexcluyen son ellos, los demócratas de la vieja Europa, concienciados y voluntariosos contra viento y marea tenemos que hacer verdaderos esfuerzos para no caer en la tentación de estigmatizarlos y tenerlos en diversa consideración. Diario Palentino, 12 de febrero de 2006

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05 de Febrero de 2006

MUCHOS Y VARIADOS

Crece la ansiedad al contemplar lo bien que viven otros congéneres del planeta y lo mal repartido que está el mundo.

            Los actuales arabistas y estudiosos del Islam, aseguran que las civilizaciones sometidas a esta creencia religiosa se han quedado históricamente retrasadas al menos cinco siglos. No solo no hay evolución hacia formas sociales mas avanzadas y liberales sino que el integrismo crece de modo alarmante y se extiende como las malas hierbas bajo la siembra deliberada de un odio visceral y activo contra un occidente poderoso y no islámico.

            Se nos ponen los pelos de punta al ver en estos últimos días las imágenes de cientos de preadolescentes chiítas procesionando ensangrentados y portando en sus pequeñas manos anchos cuchillos para autolesionarse en conmemoración del duelo de Ashura, luto por el sacrificio del Imán Husein, nieto de Mahoma, en el siglo VII y a la sazón origen de la impertérrita y permanente lucha interna entre chiíes y suníes por la dirección espiritual del Islam.

            Desde nuestra perspectiva europea y veintunesca, esas escenas nos provocan desazón, miedo, repudio. Unos niños sin apenas uso de razón que son capaces de hacerse cortes en la cabeza para que la sangre les inunde el rostro en honor de su héroe religioso, son cuando menos futuros camicaces, bombas humanas dispuestas a estallarse por alguna causa que merezca la pena desde su enajenada visión de un mundo que desconocen.

            Y si nos hacemos de cruces es por cuestión del tiempo real en que ocurren estos aconteceres no por la barbarie y crueldad del sacrificio, pues quienes procedemos de culturas de tradición católica aún hemos tenido ocasión de presenciar autoflagelaciones, ver cilicios e incluso haber sufrido las recomendaciones sobre las bonanzas que para la purificación del cuerpo tenía el uso de semejantes artilugios.

            El problema está en la extemporaneidad. Cada día tenemos que presenciar en aquellas latitudes violencia callejera, explosiones en las ciudades, cadáveres rodando por el suelo a decenas, mujeres gritando con bebés heridos en sus brazos. ¿Cómo no van a querer hacer desaparecer a los demás si se matan entre ellos, si no aprecian su propia integridad física? Escenas producto de la sinrazón, la visceralidad y  el radicalismo procedentes de una rabia compulsiva contra fantasmagóricos enemigos que les roban desde la comida hasta los sueños. Así se lo hacen ver los imanes,  para no perder el control y mantener los ánimos exarcebados, la Guerra Santa siempre en marcha. Las masas enfebrecidas son mucho más manejables que la serenas y relajadas capaces de analizar y hacer crítica presente la razón.

            Económicamente el mapa religioso del Islam abarca grandes extensiones de pobreza o al menos de una pésima distribución de las riquezas entre los habitantes de un territorio. El estrés que crea la necesidad de sobrevivir en condiciones de penuria es también un  medio apto para la exasperación. Los anuncios de la televisión, de la Coca Cola y de la Kodak llegan a todas partes, pero la posibilidad de adquirir los productos proclamados es irreal. Crece la ansiedad al contemplar lo bien que viven otros congéneres del planeta y lo mal repartido que está el mundo.

            La batalla de las viñetas ha sido un aviso a navegantes. Algunos musulmanes ya residentes desde hace tiempo en países europeos dicen haber moderado sus reglas espirituales para adaptarlas a las pautas sociales de la comunidad que los acoge, pero luego a la hora de la verdad los hechos sacan a la calle la peor cara del integrismo islamista.

            Todas las constituciones europeas sin excepción, a tono con todas las declaraciones de derechos humanos y como no podía ser de otra manera, condenan taxativamente la discriminación por motivos de raza, sexo, religión, etc. pero cuando los racistas que se autoexcluyen son ellos, los demócratas de la vieja Europa, concienciados y voluntariosos contra viento y marea tenemos que hacer verdaderos esfuerzos para no caer en la tentación de estigmatizarlos y tenerlos en diversa consideración. Diario Palentino, 5 de febrero de 2006

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01 de Febrero de 2006

OPCIONES DE VIDA

Hay quien lo prefiere y disfruta, hay quien lo sufre y padece con resignación, todo depende de las prioridades de cada cual, de la calidad de vida, de la costumbre, del entorno social y familiar

            Aunque tengamos compañía, a la hora de nacer y de morir estamos solos. A cada persona, a cada ser le corresponde su experiencia de comenzar, su experiencia de terminar, ambas propias, particulares, intransferibles.

            En el ínterin, las opciones son tan variadas como personales. Hay quien elije vivir su vida con toda intensidad sin parase a fisgar la vida de nadie y en la esperanza de que nadie  mire como emplea la suya, y en el extremo contrario quien prefiere dedicarse por sistema a supervisar y opinar sobre las vidas ajenas.

            En las grandes ciudades los habitantes disfrutan y se quejan de lo primero. El exceso de individualidad, el desconocimiento de los vecinos de al lado, la imparable movilidad en cuanto a morada se refiere, las multitudes de anónimos seres que circulan por las calles, hacen colas para todo y queman tiempo en cada movimiento son los elementos que producen el efecto aislamiento con su cara y su cruz, con esa libertad de vida inconmensurable y esos momentos de soledad indescifrable.  Hay quien lo prefiere y disfruta, hay quien lo sufre y padece con resignación, todo depende de las prioridades de cada cual, de la calidad de vida, de la costumbre, del entorno social y familiar.

             Los habitantes de nuestro mundo rural, el de los pequeños casi diseminados pueblos de la mitad norte de la península, consumen su experiencia vital en medio de un exceso de cercanía con sus escasos vecinos. Los moradores rurales viven hoy, aún en el siglo XXI, viejas historias familiares y vecinales de capuletos y montescos. Leyendas de herencias, de hijos extramatrimoniales, de ricos y pobres, de rojos y nacionales, de indianos enriquecidos y arruinados en las américas y más allá, de la suerte de los que se fueron, de la suerte de los que se quedaron. Como lápidas colgadas a la espalda, los linajes que han perdurado su representación en el lugar lastran consigo la quimera del culebrón familiar. Además con el tiempo, como en toda historia popular, los hechos reales se van convirtiendo en cuentos, para bien y para mal.

            La ventana del vecino es demasiado cercana y su oído en exceso fino, no se cae un pelo de la cabeza sin el consentimiento divino. Nacer, crecer y morir en tan amplio espacio natural pero tan escaso de oxigeno vital, otorga una idiosincrasia y requiere un adiestramiento riguroso desde la más tierna infancia.

            ¿La ventaja?, es fácil de relatar: el contacto abierto con la naturaleza, la tranquilidad, la ausencia de prisas, no hay estrés, el aire es puro, los animalillos del campo se dejan ver por doquier, nacen al lado los productos de la tierra, llega el brote de la primavera que la sangre altera. Hoy, con buena casa y calefacción, la vida campestre es un auténtico disfrute para los sentidos. Si quieres conversación la tienes y si no la quieres también la tienes. Si estás enfermo quieren saber de qué, se interesan por ti, por tu salud, espantan la soledad porque mientras te ocupas denodadamente de guardar a buen recaudo los resultados médicos poco buenos no tienes tiempo de comerte el coco con ellos. No hay mal que no venga bien. Y tiene la ventaja de que sí decides fallecer sin avisar no te pasas días y días muerto y solo en tu casa hasta que huelas mal, porque ese mismo día alguien te echará en falta, preguntará por ti y te encontrarán., cosa que nunca pasaría si te mueres en la gran ciudad.

            Lo más gravoso de la situación es y ha sido siempre la posibilidad de elegir. ¿Cuántos habitantes han elegido voluntaria y deliberadamente la gran ciudad para vivir? ¿Cuantos moradores rurales han podido quedarse y realizar su vida dignamente? Algunos estudiosos de esto o aquello, ¡que más da!, dicen tener muy claro que las grandes ciudades son para vivirlas en la juventud y los pequeños pueblos para gozarlos en la vejez. Puede que tengan razón, pero ¿Y si los que nacen quieren quedarse en sus pueblos a vivir para siempre? ¿Por qué tienen que emigrar lejos? Quién lo sepa que conteste, así nos enteramos todos.  periódico Carrión, 2ª quincena 2006

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